lunes, 25 de mayo de 2026

 

                 BUSCADO

TRES TORRES

ENSAYO ENDOGAMICO, AUTORRETRATO, UNA AMISTAD, UN BAR, UNA DECADA IDEALIZADA SOBRE TODO POR QUIENES NO LA VIVIERON, BENDITA SEAS TRADICION ORAL. 


Torre 1

 Mil novecientos 80, te voy a ir guiando geográficamente, Bolívar y México, pizzería El Timón, varios frentes de edificios con al menos dos o tres escalones. Ya había cruzado el umbral del miedo, del beso, de la saliva ajena, la adrenalina. Emilce era hermosa, besaba raro, pero era especial. Rosa la hermana mayor salía siempre con los pibes más grandes, salvo una vez, una noche en la cortada 5 de julio, estaba re celosa, de la hermana que ya no salíamos y de Gracielita, a ella la tenía cruzada. Ahí pasó todo, amistad, borracheras épicas, lavar pastillas para no vomitarlas, inhalar, exhalar, licores, whiskys, paraguayos dormilones con olor a meo, espejos y tarjetas, también calabozos y muerte. De golpe habíamos crecido, sin darnos cuenta. Éramos la bolívar de San Telmo. El negro Araña chocó a un 86 con la moto, se rompió todo, pero estaba bastante bien y se seguía riendo, todavía vivía en bolívar frente a la 2da. Las cosas en algún momento se empezaron a poner feas, me rapé, cambié un poco de hábitos y volví a la escuela, a otra escuela, en el centro, mi vieja me decía – por favor, al menos estudia. Y para ahí fui, Montevideo entre Lavalle y Corrientes. Nocturna, privada, paraíso de repitentes. En la esquina brillaba el bar La Paz.

Torre 2

La verdad que de entrada me sentí como sapo de otro pozo, los flacos llegaban en moto, las pibas pintadas como de revista y yo, puteando, me metí en el bar de enfrente me pedí un café “pinchado” el gallego me miró con cara de orto, se rio de costado, obviamente me estaba midiendo. Ahí conocí a mi hermano por elección, el tano, a cacho y algunas personas más que no recuerdo o no quisiera recordar, me enamoré y la recuerdo siempre, fumaba Pall Mall y vivía por barrio norte. Volvimos a juntarnos en la paz, escribimos una película y nació el partido esquizoide, salíamos a grafitear, con consignas del antiedipo, las noches eternas empezaban y terminaban en el británico. Los jueves arrancábamos por La age of communication (que nombre más pretencioso), a la vuelta de Palladium, Bulldog, Cinema y hasta St Thomas, donde paraba parte de la barra cuerva y siempre pintaba descontrol, sobre todo en el pool de enfrente. Te prometo que había momentos de profundo miedo, una noche, gypsy aceptó salir, era hermosa, hegemónicamente bella, rubia, alta, pelo larguísimo y de novia con un flaco que era actor, fui al baño y el maldito guasón me dio de lleno, no sabía dónde mierda estaba, me rescató uno que tocaba el piano en el bar. No la volví a ver. El gordo blancanieves se agarró hepatitis de tanto alcohol puro con jugo tang, dejó un tendal de deuda y se rajó a Tucumán, la verdad que se lo extrañó bastante más de lo que se merecía, íbamos a lo del abuelo a manguearle la martin acústica y cantar a los gritos mariposas de madera.

Torre 3

Ya no recuerdo el año, en el CCR le arruinamos un happening a Marta Minujin, le soltamos un corderito vivo untado en grasa, en plena inauguración, fue muy divertido, lástima que el chicho no consiguió un cerdito que había sido el plan. Hebe nos echó de la plaza el día de la 2da marcha de la resistencia, se enojó mucho, nos insultó, ¡eso es una boludes, una provocación y una excusa para los represores¡, sí, nos fuimos, en el recuerdo la catedral con nuestras leyendas en sus paredes, quizá fue mucho, 666 en la puerta, templo oficial de represión, déjennos ver a María cagones y el clásico, Edipo se fifo a su vieja, Ud. que espera. A la noche, esa misma noche, casi de madrugada sonó el teléfono, era el tano, che, recién llegué, di mil vueltas, me siguieron. Le corté, equivocado le dije, el entendió. Temprano a la mañana tomé el tren y me fui a charlar con él, ya con Jorge no podíamos contar, solo algunos de la cooperativa punk parecían confiables, Sybil y Gary. Había en el grupo un pibe que creemos estudiaba física, nos trajo los cálculos de la cantidad de detergente que necesitábamos para crear una fuente de espuma en la fuente del congreso, que el agua recirculaba por un sistema que está debajo de la fuente y que no nos podían ver llegar con bidones, alguien inventó un sistema con una sonda por dentro del pantalón. Funcionó y fue hermoso. De fondo suena Ball of confusion. Nos vamos con Silvia a Alta Gracia, había que hacerle el aguante, se había muerto Luca. Un tornado arrasó a mi ciudad y a mi jardín primitivo, Pero no, mejor no hablar de ciertas cosas. Feliz Navidad.





 Te nombro como se nombran los satélites que nadie reclama, basura en órbita, restos de una intención que fracasó hace años. No hay misión en vos. No hay propósito. Solo un movimiento heredado, una inercia que se niega a morir. Girás. Eso es todo. Alrededor de nada, para nadie, repitiendo un trayecto que ya no significa. Fuiste señal. Ahora sos ruido. Un pulso débil, deformado por el vacío, una insistencia absurda en seguir emitiendo aunque no haya receptor. Ni siquiera podés caer. Ni el consuelo de arder, de desintegrarte en algo parecido a un final. La eternidad que te toca es esta: persistir. Ser objeto, ser resto, ser cálculo olvidado. Y yo te miro y entiendo: no hay centro, no hay regreso, no hay nadie esperando. Solo esta mecánica fría, esta fidelidad inútil al movimiento, esta forma exacta de seguir existiendo cuando ya no queda nada que justifique hacerlo.



LO ULTIMO

Y nos estamos viendo, amigo Franck, 
no nos vemos, porqué alguien se olvidó de avisarnos, 
que aquella cosa caería del cielo. 
Y nos estamos viendo, querida Ana, 
 no nos vemos, ni nos veremos ahora mañana nunca más. 
 Es que un rayo terrible en el mundo, 
 de la noche a la mañana apareció. 
 Y la gente perdió el aire, 
el saludo, el sudor, el hueso, el latido. 
 La gente perdió amor, 
dejó la ropa tendida en el alambre del espanto. 
 El día que olvidaron, 
ese día avisar al que debía de avisarnos, 
 que aquella cosa caería del cielo, 
 y nos veríamos sin vernos, como ahora, 
 en algún sótano, quemados y sin Dios. 

 Omar Rubén Aracama 
 Poemas y meteoros (1964)