lunes, 25 de mayo de 2026

 Te nombro como se nombran los satélites que nadie reclama, basura en órbita, restos de una intención que fracasó hace años. No hay misión en vos. No hay propósito. Solo un movimiento heredado, una inercia que se niega a morir. Girás. Eso es todo. Alrededor de nada, para nadie, repitiendo un trayecto que ya no significa. Fuiste señal. Ahora sos ruido. Un pulso débil, deformado por el vacío, una insistencia absurda en seguir emitiendo aunque no haya receptor. Ni siquiera podés caer. Ni el consuelo de arder, de desintegrarte en algo parecido a un final. La eternidad que te toca es esta: persistir. Ser objeto, ser resto, ser cálculo olvidado. Y yo te miro y entiendo: no hay centro, no hay regreso, no hay nadie esperando. Solo esta mecánica fría, esta fidelidad inútil al movimiento, esta forma exacta de seguir existiendo cuando ya no queda nada que justifique hacerlo.



No hay comentarios:

Publicar un comentario