no nos vemos,
porqué alguien se olvidó de avisarnos,
que aquella cosa caería del cielo.
Y nos estamos viendo, querida Ana,
no nos vemos,
ni nos veremos
ahora
mañana
nunca más.
Es que un rayo terrible
en el mundo,
de la noche a la mañana apareció.
Y la gente perdió el aire,
el saludo,
el sudor, el hueso, el latido.
La gente perdió amor,
dejó la ropa
tendida en el alambre del espanto.
El día que olvidaron,
ese día
avisar al que debía de avisarnos,
que aquella cosa caería del cielo,
y nos veríamos sin vernos, como ahora,
en algún sótano, quemados y sin Dios.
Omar Rubén Aracama
Poemas y meteoros (1964)

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